Problemas globales para la conservación de la biodiversidad: 7 de 15 son una amenaza en Argentina
Irene Schloss, experta del Instituto Antártico Argentino y del CADIC-CONICET, participó de un estudio internacional que señala los principales riesgos ambientales para 2025. Siete de ellos son clave para la Argentina.
Problemas globales para la conservación de la biodiversidad. Irene Schloss, investigadora del Instituto Antártico Argentino y del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), fue parte de un panel de 32 científicos de diferentes países que realizó un exhaustivo estudio sobre amenazas emergentes para la conservación de la biodiversidad a escala global. El grupo publicó recientemente un listado con los 15 riesgos más relevantes que podrían generar grandes impactos en los próximos años.
En diálogo con la Agencia CyTA-Leloir, Schloss explicó que estos hallazgos funcionan como una advertencia temprana que permite anticipar problemas y actuar a tiempo. “Al identificar cuestiones más o menos incipientes, pero con un gran potencial de transformarse en significativas, el estudio se convierte en una alerta temprana que puede guiar la investigación, la formulación de políticas públicas y la acción concreta en distintos ámbitos”, señaló.
El proceso comenzó con la presentación de entre dos y cinco temas novedosos por cada experto. Luego, se evaluaron 92 propuestas según su grado de novedad e impacto potencial, con puntajes del 1 al 1000. A partir de este análisis, surgió un conjunto de 15 amenazas emergentes que podrían transformar profundamente los ecosistemas globales.
Siete amenazas que preocupan a la Argentina
Entre las 15 problemáticas detectadas, Schloss destacó las siete que considera más relevantes para el contexto argentino a corto y mediano plazo. Una de las principales es la crisis del agua dulce, que combina problemas de cantidad y calidad en diversas regiones del país. Casos como las bajantes del río Paraná o la escasez hídrica en el NOA y Cuyo agravan el cuadro. “Para resolver este problema urgente y estratégico, que puede comprometer la seguridad alimentaria, la salud y el equilibrio ambiental del país, es fundamental mejorar el monitoreo, restaurando aquellos cuerpos de agua que ya estén degradados, en un contexto de manejo y gestión integrada de cuencas”, afirmó.
Otra preocupación creciente es la disminución del hielo marino en la Antártida, fenómeno que incide directamente en la biodiversidad del Atlántico Sur. “En los últimos años, el hielo marino que rodea la Antártida alcanzó mínimos históricos sin precedentes, rompiendo récords de extensión en temporadas consecutivas”, advirtió Schloss. Este retroceso impacta en el krill —base de la alimentación de pingüinos, focas, aves y ballenas— y puede acelerar el deshielo de glaciares, contribuyendo a la suba del nivel del mar.
También mencionó la presencia de PFAS, conocidos como “químicos eternos”, en aguas cercanas a zonas urbanas e industriales. Se trata de compuestos muy persistentes y dañinos tanto para la salud humana como para el ambiente. “Para Argentina es urgente reforzar la legislación ambiental, establecer límites de concentración seguros y promover tecnologías novedosas de remediación (por ejemplo, degradación por luz UV o bacterias modificadas) en sitios críticos para evitar problemas sanitarios y ecológicos mayores en el futuro cercano”, alertó.
Fuente: EL ONCE




